Así recuerdo yo a Dioris Valla Feliz, con mucha gratitud, sin mezquindad, y como alguien que me distinguió y reconoció mi pasión innata por la lectura y la escritura. Me regaló un libro de la antigüedad y otro escrito por él…
Los dejo a todos y todas con una de sus frases favoritas:
“Levante la mano el que no haya robao algo alguna vez en su vida, aunque sea un beso o un abrazo…”
Dioris Valla Feliz, con sus intrínsecas cualidades humanas, su capacidad de discernir sobre cualquier tópico, de embaucarte con sus sabichosas técnicas de ser un gran vendedor y ese innato placer que transmitía al contar todas sus ocurrencias y vainas, convirtiéndolas en humor y diversión para todos.

En resumen, nadie se encojonaba con Dioris Valla Feliz, tal vez algunas de sus mujeres, como es lo natural.
En los años 90, a través de la Canadian Dominican Youth Baseball Exchange, yo hacía intercambios deportivos entre República Dominicana y Canadá. A la vez, tenía mi restaurante, Juan Dominican Food Restaurant, en el área de St. Clair y Oakwood, en Toronto.
Un día, un señor de Sudbury, Ontario, llegó a mi restaurante. Yo tenía el local lleno de fotografías de los intercambios deportivos. El señor, que era mitad dominicano y mitad de otra isla del Caribe, y que trabajaba con el gobierno, me preguntó dónde estaba Dioris Feliz, pensando que él era el organizador de todo aquel despliegue de fotografías en mi restaurante.

Con él aprendí que Dioris y aquel señor habían llevado unos deportistas dominicanos a Sudbury. El señor se dio cuenta de mi desconocimiento acerca de aquel evento y, al final, nos reímos y compartimos anécdotas sobre la brillantez de Dioris en su arte..
Dígame usted, ¿quién se podía poner bravo con tan impredecible y humorístico genio natural?
Por: Juan Sánchez
