OTTAWA/TORONTO. El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, volvió a colocar a Bombardier en el centro de la disputa comercial con Canadá al afirmar que el fabricante canadiense de aviones no debería poder vender sus aeronaves en el mercado estadounidense si no traslada producción a Estados Unidos.
Las declaraciones aumentan la incertidumbre para una de las compañías aeroespaciales más importantes de Canadá y llegan en un momento de fuerte tensión comercial entre Ottawa y Washington.
Trump apunta directamente contra Bombardier
Trump criticó públicamente la dependencia de Bombardier del mercado estadounidense y cuestionó la calidad de sus aeronaves. Sus comentarios, sin embargo, no equivalen por sí solos a una prohibición formal de ventas. Cualquier restricción concreta tendría que materializarse mediante medidas regulatorias, comerciales o administrativas.
Bombardier fabrica principalmente jets ejecutivos y mantiene una presencia económica considerable en Estados Unidos. La compañía ha señalado que emplea a miles de trabajadores estadounidenses y trabaja con aproximadamente 2,800 proveedores en 47 estados. Reuters ha reportado que la empresa compra más de US$2,500 millones anuales a proveedores estadounidenses.
Ese nivel de integración muestra por qué una disputa contra Bombardier tendría efectos que irían más allá de Canadá: parte de su cadena de suministro está profundamente conectada con empresas y empleos de Estados Unidos.
La amenaza llega en medio de nuevos contraaranceles canadienses
Las declaraciones coinciden con la entrada en vigor de una nueva ronda de contraaranceles de Canadá sobre aproximadamente C$27.6 mil millones en productos estadounidenses. Ottawa anunció tarifas de 15%, 25% y 50% sobre diferentes categorías de mercancías como respuesta a medidas comerciales de Washington.
La relación entre ambos países ha pasado de desacuerdos sectoriales a una disputa que toca manufactura, viajes, cadenas de suministro y decisiones de consumo. Bombardier es especialmente sensible por su importancia para la industria aeroespacial de Quebec y por su actividad empresarial en Ontario y otras provincias.
Qué puede pasar ahora
Analistas citados por medios internacionales han cuestionado hasta qué punto una amenaza presidencial puede convertirse rápidamente en una prohibición efectiva. Trump ya ha lanzado advertencias contra Bombardier en otros momentos sin que todas terminaran aplicándose de la forma inicialmente planteada.
Para Canadá, el caso representa otro desafío en la estrategia de defender industrias nacionales sin provocar costos mayores para compañías que operan a ambos lados de la frontera.
Bombardier, por su parte, puede apoyarse en el argumento de que no es simplemente una empresa extranjera que vende en Estados Unidos: su red de empleados, centros de servicio y proveedores forma parte de la propia economía estadounidense.
La situación seguirá dependiendo de si Washington convierte las declaraciones en una política concreta y de cómo responda Ottawa. Hasta entonces, la amenaza añade presión política y volatilidad a una relación comercial que ya atraviesa uno de sus períodos más tensos.
Fuentes: Reuters, Associated Press y EFE.
