🇨🇦 Durante días, Canadá y Estados Unidos parecían estar muy cerca de alcanzar un nuevo acuerdo comercial.
Pero cuando Washington presentó cambios de último minuto que el gobierno canadiense consideró injustos y económicamente perjudiciales, el primer ministro Mark Carney tomó una decisión que tendrá consecuencias enormes: levantarse de la mesa.
Carney ordenó el regreso de los negociadores canadienses a Ottawa.
Su mensaje fue claro:
Canadá quiere un acuerdo con Estados Unidos.
Pero no cualquier acuerdo.
Y no uno simplemente porque Washington imponga una fecha límite.
Carney dijo que los cambios estadounidenses de último minuto eran “injustos, antieconómicos” y ponían en duda algo todavía más importante:
si Estados Unidos cumpliría realmente cualquier acuerdo alcanzado.
La decisión tiene un costo.
Estados Unidos comenzó a aplicar aranceles del 50% sobre aproximadamente US$20 mil millones en productos canadienses, y Canadá anunció que responderá dólar por dólar.
Empresas canadienses pueden sufrir.
Trabajadores pueden verse afectados.
Y determinados productos podrían subir de precio.
Carney lo sabe.
Por eso esta no fue una decisión fácil.
Fue una decisión sobre algo mucho más grande:
¿Hasta dónde debe ceder Canadá para mantener acceso al mercado estadounidense?
Durante décadas construimos una de las relaciones económicas más integradas del planeta.
Pero Canadá está aprendiendo una realidad incómoda:
Incluso teniendo acuerdos firmados, Washington puede volver a imponer aranceles.
Incluso después de meses negociando, las condiciones pueden cambiar.
Y ningún país puede construir su futuro económico dependiendo permanentemente de las decisiones políticas de otro.
Por eso una de las frases más importantes pronunciadas por Carney fue:
“America has changed.”
Estados Unidos ha cambiado.
Y Canadá también tendrá que cambiar.
Eso significa comerciar más con Europa y Asia.
Construir infraestructura.
Expandir nuestros puertos.
Desarrollar nuestros recursos naturales y minerales críticos.
Fortalecer nuestra manufactura.
Eliminar barreras comerciales entre provincias.
Y construir una economía canadiense capaz de competir con el mundo entero.
Canadá seguirá necesitando a Estados Unidos.
Y Estados Unidos seguirá necesitando a Canadá.
Pero ser buenos vecinos no significa aceptar cualquier condición.
Carney dijo que Canadá nunca aceptaría:
“un acuerdo a cualquier precio o bajo cualquier fecha límite.”
Esta vez tuvo que demostrar que esas palabras significaban algo.
Podemos discutir si económicamente la estrategia funcionará.
Podemos discutir cuánto nos costará.
Y seguramente habrá momentos difíciles.
Pero hay algo profundamente canadiense en lo ocurrido:
negociar con respeto, buscar cooperación y estar dispuesto a llegar a un acuerdo… pero saber levantarse cuando las condiciones dejan de ser aceptables.
Canadá no necesita pelear con Estados Unidos.
Tampoco necesita arrodillarse ante Estados Unidos.
Necesita construir suficiente fortaleza económica para poder mirar a su vecino más poderoso y decir:
Queremos hacer negocios contigo.
Pero Canadá también defenderá sus propios intereses.
Eso es exactamente lo que Mark Carney decidió hacer.
Y quizás dentro de algunos años descubramos que este momento no fue simplemente el comienzo de otra guerra comercial.
Quizás fue el momento en que Canadá entendió que tenía que depender mucho más de sí mismo.
🇨🇦 Canadá primero. Canadá fuerte. Canadá negociando de pie.
¿Crees que Carney hizo lo correcto al levantarse de la mesa?
Fuente: Office of the Prime Minister of Canada.




























