En un reportaje reciente de The Local, titulado “Where Are All the Female Coaches?”, se explora un fenómeno que atraviesa el deporte canadiense: mientras cada vez más niñas y mujeres se suben a las canchas, pistas y hielos del país, muy pocas terminan dirigiendo esos mismos equipos desde la banca. La periodista Lana Hall retrata a entrenadoras como Miranda Sharp, quien en Stouffville lucha contra una estructura deportiva que sigue pensada por y para hombres. Y aunque la historia se centra en el hockey canadiense, la reflexión nos golpea directo a nosotros, la comunidad dominicana en Toronto, porque también en el béisbol, el softball y el vóley que jugamos en nuestros parques y ligas comunitarias, las mujeres al frente escasean. Es momento de hablar de esto con la franqueza que nos caracteriza.
Un problema que no es solo canadiense
Quisqueya nos regaló una cultura deportiva vibrante, con el béisbol corriendo por nuestras venas y el softball ganando terreno entre nuestras jóvenes en Ontario. Sin embargo, basta con asistir a un torneo comunitario dominicano en Toronto o Brampton para notar el mismo patrón que describe The Local: bancas llenas de hombres, mientras las mujeres, muchas veces exjugadoras talentosas, quedan relegadas a organizar la logística, cocinar para el equipo o animar desde las gradas. No es falta de conocimiento ni de pasión. Es falta de oportunidad, de invitación y, seamos honestos, de que alguien les abra la puerta.
Las barreras que menciona el reportaje canadiense se replican en nuestra comunidad: horarios que chocan con la doble jornada de trabajo y crianza, certificaciones costosas, y una cultura que todavía asume que dirigir un equipo es “cosa de hombres”. Para las dominicanas recién llegadas a Canadá, se suma el reto del idioma y la falta de redes dentro del sistema deportivo local. El resultado es el mismo que en Stouffville: talento femenino que se queda fuera del banquillo.
Nuestras mujeres, nuestro talento
Aquí en Toronto tenemos ejemplos que merecen más reconocimiento. Madres dominicanas que después de trabajar todo el día llegan al parque a lanzar bolas con sus hijas, jóvenes profesionales que jugaron softball en la República Dominicana y hoy tienen el conocimiento técnico para formar a la próxima generación, y abuelas que todavía recuerdan las reglas del béisbol mejor que muchos entrenadores certificados. Ese conocimiento, esa pasión heredada de nuestra tierra, no debería quedarse guardada. Es momento de que nuestras ligas, iglesias y organizaciones comunitarias identifiquen a estas mujeres y les ofrezcan el espacio, el mentorship y el respaldo para tomar el silbato.
La buena noticia es que en Canadá existen programas de certificación para entrenadoras a través de organismos como la Ontario Soccer Association, Softball Ontario y Hockey Canada, muchos con becas o costos reducidos para nuevas inmigrantes. Nuestra comunidad podría aprovechar mejor estos recursos si los difundimos con la misma energía con la que compartimos un evento de merengue o una feria gastronómica. La información existe; lo que falta es que llegue a las manos correctas, en español, con calidez y sin tanta burocracia.
Lo que podemos hacer desde ya
No hace falta esperar a que una institución grande resuelva esto. Las ligas comunitarias dominicanas, los clubes de softball femenino y las academias de béisbol infantil en Toronto pueden empezar por algo simple: preguntar a las madres, tías y hermanas si les interesaría entrenar, y luego acompañarlas en el proceso de certificación. Un mentor o mentora que ya tenga experiencia puede marcar la diferencia entre una mujer que se anima a dar el paso y otra que sigue pensando que ese lugar no es para ella. La representación importa, y cuando una niña ve a una mujer dominicana dirigiendo su equipo, entiende que ella también puede llegar ahí.
También podemos usar nuestros espacios de encuentro, como las iglesias, los restaurantes y los eventos culturales, para visibilizar a estas entrenadoras emergentes. Contar sus historias, como hizo The Local con Miranda Sharp, no solo las honra, sino que inspira a otras a seguir sus pasos. La transformación empieza cuando dejamos de normalizar la ausencia y empezamos a celebrar la presencia.
Pa’lante con nuestras mujeres al mando
El deporte dominicano en Canadá tiene una oportunidad histórica de hacer las cosas distinto desde el principio. No se trata de copiar los errores de otras estructuras deportivas, sino de construir algo propio donde nuestras mujeres tengan el lugar que merecen desde el banquillo. La pregunta de The Local, “¿dónde están las entrenadoras?”, puede tener una respuesta distinta en nuestra comunidad si actuamos con la unidad y el orgullo que nos caracteriza. La cancha, el diamante y la pista también son suyas.
Cuéntanos en los comentarios si conoces a una dominicana entrenando en Toronto, Montreal u Ottawa y etiqueta a quien tiene que ver esto. Comparte este artículo con esa mujer que necesita el empujón para tomar el silbato. Únete a la comunidad de todominicano y sigamos apoyando pa’lante a nuestra gente, dentro y fuera de la cancha.




































