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La nueva medida de supermercados económicos en Toronto que recuerda a Nueva York
Toronto acaba de abrir la puerta a una idea que ya está dando muchísimo de qué hablar: supermercados operados por la propia ciudad, con enfoque no lucrativo y pensados para vender productos esenciales al menor precio posible. La propuesta fue aprobada por el concejo municipal como un plan piloto y contempla la posibilidad de abrir cuatro tiendas en distintas zonas de la ciudad, especialmente en sectores de bajos ingresos y áreas donde conseguir alimentos frescos a buen precio se ha vuelto cada vez más difícil.

Lo interesante es que muchos medios la están describiendo como una idea inspirada en Nueva York, particularmente en propuestas asociadas al alcalde Zohran Mamdani. La lógica detrás del plan es sencilla: si los grandes supermercados dominan el mercado, suben márgenes y dejan al consumidor atrapado entre precios altos y porciones cada vez más pequeñas, entonces la ciudad podría intervenir con un modelo distinto, uno que no tenga como prioridad la ganancia sino el acceso a la comida. Esa comparación con Nueva York ha hecho que la medida gane todavía más ruido, porque conecta con una conversación mucho más amplia sobre inflación, costo de vida y el derecho a comer sin sentir que cada visita al supermercado es una puñalada al bolsillo.
Según los detalles publicados hasta ahora, estas tiendas serían de operación municipal y funcionarían con márgenes mínimos, buscando bajar costos también mediante alivios como exenciones de ciertos gastos municipales. En teoría, eso permitiría vender alimentos básicos por debajo de los precios de cadenas privadas como Loblaws o Sobeys. Pero aunque la idea ha sido recibida con entusiasmo por quienes la ven como una respuesta concreta a la crisis del costo de vida, también hay dudas importantes: todavía no existe un presupuesto cerrado para implementarla, no está resuelta la logística de locales, cadena de suministro ni equipamiento, y los propios funcionarios de la ciudad advirtieron que poner a correr algo así no será ni rápido ni barato.

O sea, la medida existe y ya fue aprobada como dirección política, pero no significa que mañana Toronto amanecerá llena de supermercados públicos baratos. Lo que sí significa es que la ciudad ya decidió explorar una idea que hace pocos años habría sonado descabellada. Y cuando una metrópoli como Toronto se pone a considerar vender pan, leche y productos básicos desde una estructura pública, eso manda un mensaje clarísimo: el costo de la comida dejó de ser solo un problema de mercado y se convirtió en un problema político.