Un año después del Jet Set: 236 almas, una herida que no cierra y una justicia que no llega

Hay fechas que se clavan en la memoria de un pueblo. Para los dominicanos, el 8 de abril de 2025 es una de esas fechas. La madrugada en que la música del maestro Rubby Pérez llenaba el salón de la discoteca Jet Set — que ese mismo lunes celebraba sus 50 años de historia — el techo cedió sin aviso y se llevó consigo 236 vidas.

Entre los fallecidos había figuras reconocidas como el exlanzador de Grandes Ligas Octavio Dotel, el diseñador Martín Polanco y la gobernadora de Montecristi Nelsy Cruz — pero también trabajadores, familias completas, parejas, y el propio Rubby Pérez, quien murió sobre el mismo escenario donde tanto había dado alegría. Más de 180 personas quedaron heridas, algunas con secuelas permanentes.

La investigación determinó que el colapso fue causado por sobrecarga estructural: se instalaron equipos de climatización y depósitos de agua sobre el techo sin estudios técnicos. Y lo más doloroso — los propietarios habían sido advertidos del deterioro del techo. La negligencia, en este caso, tiene nombres y apellidos.

Un año después, el balance es difícil de leer. Los hermanos Antonio y Maribel Espaillat enfrentan cargos de homicidio involuntario con un máximo de solo 2 años de prisión. La audiencia preliminar sigue en curso entre aplazamientos. El Gobierno no declaró el 8 de abril como día de duelo nacional. Y los sobrevivientes cargan con secuelas psicológicas profundas sin suficiente atención.

El 8 de abril de 2026, centenares de personas se reunieron en las ruinas del Jet Set bajo el lema “Siempre Presentes”. Hubo misa, vigilia con velas, flores, llanto y gritos de ¡Justicia! El padre Rogelio Cruz, quien ha acompañado a los sobrevivientes desde el primer día, dijo sin ambages que no estaba convencido de que la justicia hubiera llegado aún.

“No buscamos venganza, exigimos justicia. No queremos que la historia se repita, queremos cambiarla.” — Micaías Pérez, hermano de Rubby Pérez.

Desde Toronto, nuestra comunidad también sintió esa noche. El Jet Set no era solo una discoteca — era un símbolo de la identidad dominicana. Un año después, nuestra responsabilidad como diáspora es no dejar que el mundo olvide. 236 razones para seguir exigiendo justicia.

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