Cuando se trata de quedarse en un hotel, hostal o Airbnb, uno de los temores recurrentes es que haya cámaras instaladas que estén grabando sin consentimiento.

Ese temor se volvió realidad para una familia que rentó un Airbnb en Irlanda, como parte de un viaje de 14 meses por toda Europa.

Nealie y Andrew Barker llegaron a la casa en compañía de sus cuatro hijos y su sobrina. Lo primero que hizo el hombre fue escanear la red wi-fi de la casa, como parte de un protocolo personal derivado de su labor diaria en seguridad IT.

El resultado del escaneo fue aterrador: una cámara los estaba grabando, oculta en una alarma de humo.

De inmediato Andrew se puso en contacto con Airbnb para denunciar lo que estaba ocurriendo, pero la única respuesta que obtuvo fue que si cancelaba el servicio no recuperaría su dinero.

Lo que siguió fue ponerse en contacto con el dueño, quien al escuchar que la familia había descubierto la cámara, colgó. Después fue él quien se puso contacto con ellos para asegurar que esa era la única cámara en la casa. Jamás aclaró si estaba grabando o transmitiendo en vivo.

La familia no recibió apoyo de Airbnb -solo una promesa de investigación que culminó en la suspensión temporal y eventual exoneración del dueño-, y fue solo hasta que Nealie hizo pública su historia a través de redes sociales, que la plataforma expulsó a este de sus registros.

En una declaración a CNN, Airbnb dijo que el manejo original de la situación no cumplió con los estándares que ellos mismos ponen, y aclaró que la estadía se le reembolsó a la familia.

Tras esta experiencia, Nealie recomienda a los viajeros escanear redes para encontrar cámaras ocultas.

Airbnb sostiene que los incidentes negativos en las casas anunciadas en su plataforma son increíblemente raros.

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