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Las pastillas anticonceptivas sirven para evitar embarazos no deseados; sin embargo, por el momento la industria solo promueve productos de uso femenino. Se estima que, en seis de cada diez parejas la mujer es quien recurre a la protección para evitar salir en cinta. Ante ello surge la cuestión: ¿Por qué no existe una píldora anticonceptiva masculina?

“Hay múltiples líneas de investigación, pero es complejo, porque los tratamientos hormonales que pueden frenar la producción espermática también pueden frenar la libido, y entonces ya no necesitas contracepción”, explica Josep Lluís Ballescà, responsable de Andrología Reproductiva del Hospital Clínic de Barcelona.

Por su parte, Rafael Oliva, responsable del grupo de investigación en Biología Molecular de la Reproducción en el IDIBAPS, concuerda en que existe investigación activa y con varias estrategias en busca de nuevos anticonceptivos masculinos, y sostiene que es posible que “la píldora masculina acabe no siendo ni píldora ni un método hormonal”.

“Detener la evolución del óvulo como hace la píldora femenina es más fácil, pero detener millones de espermatozoides ya formados y que pueden estar ya en el conducto no se consigue de forma inmediata, puede tardar semanas o meses, de modo que puede resultar más difícil controlar su efectividad”, comenta. Por eso, considera que quizá lleguen otras opciones de anticonceptivo masculino y que se vienen trabajando en otras estrategias, como taponar la salida de espermatozoides y bloquear su contacto con el óvulo.

Existen también otros científicos que están convencidos de que la “píldora masculina” es viable, como el equipo que lidera Gabriela Noé del Instituto Chileno de Medicina Reproductiva. La investigadora explica que están a punto de iniciar un ensayo clínico en diez países con un gel que combina dos hormonas y que, aplicado sobre la piel, evita la producción de esperma.

“Los estudios han demostrado que este gel suprime los espermatozoides en la mayoría de hombres, y ahora se quiere evaluar si esta supresión tiene buena eficacia anticonceptiva, para lo que se necesita la participación de las parejas, que usarán el gel como único método anticonceptivo”, cuenta Noé.

Sin embargo, este gel produce efectos similares a los de las hormonas en las mujeres, entre ellos el aumento de peso, aparición de acné y cambios de estado de ánimo. “En muchos hombres el uso de hormonas suele provocar mayor ansiedad que en las mujeres, pero sobre todo porque es algo nuevo para ellos y están expectantes sobre cómo les afectará el tratamiento, pero esa ansiedad se regula cuando se dan cuenta de que los efectos son leves”, comenta.

En Estados Unidos, un equipo de científicos que evalúa un compuesto hormonal que podría brindarse por vía oral, como la pastilla femenina. No obstante, según explicaron los expertos en el último congreso de la Sociedad Europea de Contracepción este medicamento no llegará al mercado hasta por lo menos el año 2032.

“Para pasar del ámbito académico al mercado necesitamos a la industria farmacéutica para probar estos compuestos en miles de personas, y la industria invierte muchos recursos y dedicación en los anticonceptivos femeninos, pero no se ha involucrado en la parte masculina, a pesar de que ya se han descrito varios regímenes hormonales efectivos para la regulación de la fertilidad en el hombre”, dice Noé.

Para Roberto Lertxundi, miembro del comité de dirección de la Sociedad Europea de Contracepción todos los ensayos sobre la píldora masculina son esperanzadores, “pero es costosa, y la industria no ve una gran expectativa de negocio porque piensa que por qué el hombre va a hacer el esfuerzo de tomar hormonas si el impacto del embarazo es para otra persona, incluso si esta es tu mujer”. Para él, primero es necesario acabar con la falta de involucración masculina con la anticoncepción.

Caso contrario es el que propone el doctor Ballescà, pues asegura que la mujer decide asumir la responsabilidad de la contracepción porque, sobre todo con parejas no estables, es la única manera de estar segura de que no tiene riesgo de embarazo. Salvo en parejas estables, no creo que ninguna mujer se arriesgue a tener relaciones sin protección”, dice.

La investigación

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