Lo que esta a la moda en México, Temen a carreteras y toman los aerotaxis
MONTERREY, NUEVO LEÓN.-Los viajes de fin de semana por carretera a Laredo o McAllen, Texas, desde Monterrey o Saltillo, capitales de Nuevo León y Coahuila, se han reducido a una o dos visitas al año en algunos casos, porque las autopistas que van de la Sultana del Norte a Reynosa o a Nuevo Laredo, Tamaulipas, se han vuelto escenarios de batalla entre grupos rivales, y un sitio propicio para el robo con violencia de camionetas.
La distancia sicológica que hoy existe de Monterrey a Laredo o a McAllen se alargó a tal magnitud que muchos visitantes prefieren recorrer los escasos 230 y 234 kilómetros en avión antes que manejar dos horas y media o tres a los destinos en la Unión Americana, como lo hacían hasta hace un año y medio.
Como los vuelos comerciales entre la ciudad regia y la zona texana son inexistentes, entonces han recurrido a vuelos particulares, asegura el doctor Humberto Palomares, investigador del Departamento de Estudios Económicos del Colegio de la Frontera Norte, sede regional en Nuevo Laredo.
Este temor a la violencia sobre el asfalto ha hecho despegar el negocio de los taxis aéreos. Entre agosto y diciembre del año pasado se calcula que este servicio de Monterrey a McAllen creció 30% , según un comunicado de Luis Cantú, vicepresidente de la Cámara de Comercio de McAllen.
Y como la seguridad no tiene precio, se prevé que siga creciendo la demanda, pese a que una camioneta gasta de ida y vuelta entre mil y mil 600 pesos, dependiendo del modelo, pero incluidas las tres casetas, y un vuelo particular se cotiza en 350 dólares (cuatro mil 110 pesos) por persona.
“Yo creo que el miedo de la gente a viajar por las autopistas fronterizas ha crecido tanto que tendría mucho éxito si una línea comercial abriera vuelos de Monterrey a las ciudades texanas”, considera Palomares.
“En el aeropuerto de Monterrey me confirman que los vuelos particulares entre esta ciudad y destinos texanos aumentaron 200 por ciento”, comenta José Luis Rojo, presidente del Grupo Corporativo Diamante, empresa especializada en seguridad privada y creadora en los 90 de un grupo de inteligencia de la Policía Federal de Caminos.
Las cifras clarifican el fenómeno: más violencia regional se traduce en menos tránsito por las autopistas. De 2006 a la fecha disminuyeron 26% las entradas por los puentes fronterizos de Nuevo Laredo y Reynosa.
De 485 mil 33 entradas registradas por el Instituto Nacional de Migración (INM) hace cuatro años, para 2010 se confirmaron 356 mil 856, mientras que en Nuevo Laredo los homicidios se incrementaron cinco veces de 2007 a 2010 y en Reynosa diez veces en el mismo periodo.
Lo mismo sucedió en Matamoros, Tamaulipas: las entradas se redujeron 54% y los homicidios casi se quintuplicaron de 2007 a 2010; en Piedras Negras, Coahuila, bajó el flujo por los puentes fronterizos 30% y los asesinatos aumentaron ocho veces en tres años; en Ciudad Juárez, Chihuahua, bajaron 15% y la muertes se dispararon 20 veces.
“La disminución de turistas y compradores en la frontera no es un asunto reciente, empezó hace unos siete años después de las muertas de Juárez; lo novedoso para nosotros es la manera en la que se dinamitó la violencia”, explica el investigador Palomares.
La ruptura entre el cártel del Golfo y su brazo armado, Los Zetas, llevó a que ambos grupos se disputen Nuevo León y Tamaulipas. Para los siguientes meses, la firma estadunidense Stratfor augura un recrudecimiento de la violencia en ambas entidades, debido a una mayor incursión del Ejército en ellas.
Con el temor en la piel Antes de viajar a McAllen, Alfonso O. ya había leído noticias sobre la acción del crimen en la autopista.
Basta con googlear “balaceras autopista Monterrey Reynosa”, para que 81 mil 700 sitios arrojen información. De hecho, las principales búsquedas en Google sobre balaceras se concentran en Tamaulipas y Monterrey, según estadísticas del mismo portal.
Esta vez, Alfonso había tomado medidas insólitas para un amante de Texas, como lo es él, que a cualquier hora de la madrugada conducía su camioneta de Saltillo rumbo a Estados Unidos; ahora partía de su casa a las ocho de la mañana en punto.
Varios amigos le habían advertido que el horario más prudente para manejar sobre la autopista Monterrey-Reynosa era de nueve de la mañana a siete de la noche, así que acató las indicaciones.
“Cuando iba hacia allá comencé a sentir temor, porque iban puros tráileres y pocos vehículos”, recuerda. Cuando llegó al pueblito de Hidalgo, en Reynosa, dimensionó cuánto la violencia había ahuyentado a los turistas.
Los últimos diez años había cambiado ahí pesos por dólares. Esa vez entró a la primera casa de cambio y no hubo moneda americana; caminó a la segunda, y tampoco; a la tercera, y nada de dólares.
A la cuarta, y ya le pareció extraño: a la quinta, y decidió preguntar qué pasaba. Entonces una cajera le explicó que la escasez de dólares era resultado de la escasez de estadunidenses.
Desde abril del año pasado, el Departamento de Estado de la Unión Americana lanzó una alerta de viaje a sus ciudadanos por el incremento de la violencia en la zona metropolitana de Monterrey y en las carreteras mexicanas que conectan con Texas.
Alfonso acostumbraba a ir por lo menos una vez al mes con su familia a Texas, pero desde enero, la última vez que fue, no ha vuelto. El temor entre regios y saltillenses se esparce por diversas vías.
La más común son las noticias; la otra vía es testimonial, cuando algún conocido o familiar cuenta de los percances en la autopista.
Édgar e Ilina, por ejemplo, dejaron de frecuentar los bares de Laredo cuando se enteraron que a un amigo unos criminales lo detuvieron con todo y familia sobre la autopista Monterrey-Reynosa, le robaron su camioneta, lo desviaron del camino por una vía de terracería… y les quitaron todo.
A Jesús ni hablarle del tema; él escucha Reynosa e inmediatamente su piel reacciona. Ni porque le pagaran, dice, se atrevería a transitar por ahí.
Vivió cuatro meses en esa ciudad tamaulipeca en 2009, pero decidió vetarla. “A mí en Reynosa me tocó vivir el fondo del ser humano”, afirma.
A unos metros del puente fronterizo conoció a tres inmigrantes recién liberados de un secuestro. “Me dijeron ‘Oye, hermano, nosotros somos centroamericanos y hasta ayer vimos la luz del sol luego de tres meses.
No nos dejaban dormir, la única forma era hincados, porque cuando te veían cabecear, te preguntaban ¿quieres dormir?, y llegaban y te daban un batazo’.” A Tomás M. un turista regio, le tocó vivir en primera persona la violencia en la carretera.
A principios de 2011 vio sobre la misma autopista cómo un domingo en la mañana unos sujetos, sin el menor pudor, estacionaron su camioneta debajo de un puente y delante de todos descargaron de la cajuela tres cadáveres esposados.
El fin de semana pasado se atrevió a regresar; dice que se sintió más seguro, por el incremento de presencia federal. “Yo creo que por las vacaciones hay mucha vigilancia.
Había retenes de marinos, de la Federal, de los militares, de la policía municipal. Ponían retenes muy oportunos en los dos sentidos de los puentes y, además de patrullar la zona, revisaban aleatoriamente todos los vehículos”, platica.
El temor y la disminución de turistas en la frontera norte ha tenido consecuencias económicas serias. Humberto Palomares calcula, según cifras de las cámaras de comercio de Nuevo Laredo y Laredo, pérdidas hasta de 50% en el comercio en los cinco años más recientes.
Del lado estadunidense, entonces, decidieron hace dos meses una medida drástica. Eliminar el nombre de Nuevo Laredo de los letreros de sus carreteras, para que ninguno de los visitantes asociara a Laredo con la ciudad tamaulipeca, como para dejar muy en claro que la guerra contra el crimen se vive sólo del lado mexicano.



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