El futuro es verde… pero los inmigrantes son excluidos
El mundo está cambiando, algunas especies están en extinción y otras nacen. No se trata de zoología sino de la economía: mientras los sectores manufactureros tradicionales –las automotrices, por ejemplo-, agonizan, un nuevo sector económico se fortalece: el sector verde.
Si hace veinte años nadie se imaginaba que trabajar en Internet podía ser una opción –ni siquiera que algo así como Internet podía existir-, lo cierto es que hoy la Web emplea a millones de personas en todo el mundo, en todo tipo de áreas, las de pura tecnología pero también la de contenidos y servicios.
Lo mismo, están convencidos los líderes del mundo, sucederá con el sector verde, que será el motor de la economía y también de la sociedad del futuro cercano, dicen.
Sin embargo, estadísticas recientes muestran que los inmigrantes todavía no encuentran el lugar que se merecen en la economía a la que viene: de acuerdo con cifras de ECO Canadá, apenas el 23 por ciento de las organizaciones vinculadas con el medioambiente emplea ‘newcomers’, a pesar de que cuando lo hacen, su satisfacción es altísima, del 86 por ciento.
Sobre esa visión verde del futuro y sobre la exclusión de los ‘newcomers’ en el sector verde se monta el proyecto piloto que la organización medioambientalista sin fines de lucro Future Watch lanza esta semana.
Se trata de “Oportunidades verdes: reduciendo las barreras y la discriminación para aumentar la participación de ‘newcomers’ en las iniciativas medioambientales”.
Durante dos años, el proyecto liderado por el trabajador comunitario Eduardo Garay buscará “generar un plan de intervención para facilitar la integración de los inmigrantes con calificaciones adaptables a los sectores ambientalistas”, según explica.
De acuerdo con las cifras que maneja Future Watch, “el área de Peel, Hamilton, Guelph y Kitchener-Waterloo recibe unos 100 mil inmigrantes por año, 12 mil de los cuales tienen profesiones u oficios adaptables a las necesidades laborales del sector verde”, afirma Garay.
“Iniciativa verde” también se propone la generación de emprendimientos económica y socialmente factibles que además también sean verdes.
El plan es trabajar con los distintos actores de la economía, el gobierno, compañías verdes del sector privado y organizaciones no gubernamentales, representadas en más de doscientas agencias.
“Hace quince años la preocupación medioambientalista era un privilegio de un sector de la clase media. Se planteaba como un modo de vida alternativo al consumismo del capitalismo. Hoy alcanzó otro lugar: la economía verde se piensa como un polo de desarrollo económico, social y como un remedio para el cambio climático”, contextualiza Garay.
En ese marco, sostiene Garay, los inmigrantes tienen un doble desafío: “Adaptarse a una sociedad anacrónica que todavía vive del confort venido de una economía basada en los hidrocarburos y, al mismo tiempo, estar listos para adaptarse al giro ambientalista”, explica.
Que el 23 por ciento de las empresas del sector verde emplee inmigrantes es un avance respecto de lo que sucedía hace dos décadas, cuando sólo representaban el 12 por ciento. “Pero hay que tener en cuenta que en 2017 el 57 por ciento de la población será inmigrante. Es necesario aumentar su participación en el sector verde”, según Garay.
Sin embargo no todos los especialistas confían en las promesas verdes. Una de las voces más resonantes, y escépticas es la del catedrático de la Chapman University -en California, Estados Unidos, Joel Kotkin, quien sostiene que “el sector verde sólo crecerá en la medida en que crezca la economía tradicional” y no al revés.
Kotkin también duda de que el futuro verde vaya a ser tan promisorio. Para este experto, en la medida en que la mayoría de los países desarrollados del mundo pone sus expectativas en el sector verde, la competencia en esa área será muy grande. Habrá ganadores y perdedores.
“Canadá atrasa diez años –reconoce Garay-. No produce paneles solares, no produce turbinas… Y además hay mucha resistencia por estar tan afirmado en la explotación de petróleo.”
De hecho hoy, todas las turbinas eólicas de Ontario, generadoras de energía verde, no se fabrican con mano de obra canadiense. Todas se construyen en Europa.



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