La relación directa que existe entre padres e hijos crea el fenómeno de “Monky See Monky Do”, lo que significa que el niño aprende por imitación y hace todo lo que ve a su alrededor.
La forma en que hoy pensamos y actuamos como padres, podría en gran parte, influenciar la actitud y el comportamiento de nuestros hijos en el mañana. Los hijos por lo general, siguen las huellas de sus padres; observan, escuchan y repiten todo lo que sus padres dicen y los imitan casi en todo lo que hacen. El padre y la madre forman el espejo y el modelo de comportamiento antes sus hijos; por tanto, debemos ser cuidadosos y prestar mucha atención a lo que decimos y hacemos delante de ellos.
Debemos enfocarnos en la importancia de los principios que constituyen la base fundamental del desarrollo y la crianza de los hijos. Primeramente, debemos estar conscientes de que en todo hogar hay un rey supremo a quien le llamamos “papá” y una reina a quien le llamamos “mamá”.
Estos son los responsables de la disciplina, conducta y educación de los hijos en el hogar. Si por una razón u otra, uno de estos no está presente o no participa en el proceso de la crianza, podría haber un desequilibrio en el desarrollo y la educación de los hijos.
No se si han escuchado alguna vez que decimos que la EDUCACION empieza en el hogar; esto es cierto solamente si aplicamos un patrón sistemático de normas y conductas vigilado, aplicado y medido por los padres. Hay padres que se esmeran en expresar el esfuerzo y la forma en la que ellos se comprometen para garantizar y hacer posible la educación y el progreso de sus hijos.
Pero hay otros que por haber sido victimas de maltrato y abuso o por no haber recibido ellos mismos una buena educación o disciplina en su niñez, quizás desconocen el concepto de ser padre y lamentablemente no se esfuerzan en realizar un plan de rescate o mejoramiento para sus hijos y los abandonan cuando estos necesitan de ellos.
Hay muchos factores que impiden el proceso de una crianza sólida y sistemática. Cuando los padres no pueden resolver sus problemas económicos son afectados emocional y psicológicamente por algo que le llamamos “estrés”, esto podría restar tiempo y bloquear el proceso de educación y disciplina en el hogar. Es importante mencionar que muchos padres que han sido víctimas de abusos sean físicos, mentales o sexuales, a menos que estos no hayan sido vistos por profesionales y curados; siempre habrá la posibilidad de que estos patrones de conductas y comportamientos resurjan y luego de manera directa o indirecta, voluntaria o involuntaria pasen a sus hijos.
Muchos nunca han buscado ayuda profesional o expresado la amargura de su pasado, quizás por vergüenza u otra razón, traen consigo heridas incurables y cicatrices muy grandes que podrían incapacitarlos como buenos padres. Siguen sus tareas de padres sin antes buscar remedios para sus propios problemas y se convierten en los principales abusadores en contra de sus propios hijos.
Cuando los padres se faltan el respeto uno al otro delante de sus hijos y levantando la voz vociferan incontrolablemente palabras obscenas y por una razón cualquiera se golpean o se amenazan, esto podría lastimar el sentido de confianza y crear una atmosfera negativa y una experiencia aprendida en el niño; una experiencia que jamás escapará de las mentes de los hijos.
Como padres debemos inspirar respeto y disciplina, cumplir lo que predicamos, velar por una atmosfera familiar sana, educar nuestros hijos y ser ejemplos de integridad; debemos cuidar y proteger nuestros hijos; conservar nuestras buenas costumbres y hacer un esfuerzo para que la familia se mantenga unida. No olvidemos que el niño de ayer es el adulto de hoy y que sus modales y comportamientos que lo caracterizan, en gran parte, nacen de sus padres. Si somos el espejo de nuestros hijos, tratemos de no romper el marco que lo cubre o empañar la imagen que se refleja para que ellos puedan visualizar un futuro claro y definido.






